NOTA: esta sección fue discontinuada, contiene artículos antiguos, permanece sólo por si alguien busca este tipo de información.
EL NACIMIENTO DEL UNIVERSO
El universo nació hace 14.000 millones de años, según nuevos cálculos
Agosto
8, 2000
LONDRES
-- El universo tiene unos 14.000 millones de años, según los cálculos
de astrónomos británicos que buscan resolver uno de los temas más
discutidos de la cosmología.
Los
astrónomos de la Universidad de Cambridge llegaron a esa cifra
comparando datos obtenidos mediante cinco técnicas diferentes
utilizadas por científicos norteamericanos e israelíes, anunció el
martes la Unión Astronómica Internacional (IAU, por sus siglas en inglés).
Cuatro
de estos métodos determinan una edad de 14.000 millones de años, con
un margen de error de 2.000 millones de más o de menos.
Tres
de los cinco modelos, al ser combinados, arrojan una edad de 13.000
millones de años, nuevamente con un margen de error de 2.000 millones.
El
trabajo iba a ser presentado el viernes en Manchester, Inglaterra, en la
asamblea general de la IAU, dijo su vocera, Jacqueline Mitton.
Calcularle
la edad al universo "ha sido motivo de controversia, un gran
problema cosmológico durante décadas", dice, haciendo notar que
en diversos momentos los científicos habían llegado a estimaciones que
iban desde 10.000 a 20.000 millones de años.
"Quince
mil millones de años fue la cifra aceptada durante algún tiempo, pero
los intentos de precisarla resultaron dificultosos", dice.
El
consenso que se ha logrado en torno a la cifra de 14.000 millones es muy
prometedor, ya que se dedujo independientemente mediante una variedad de
métodos de cálculo, dice, agregando que la discrepancia de mil
millones de años "no es tan importante" dado el margen de
error establecido.
El
debate es importante, porque la edad del universo puede ser un factor de
vital importancia para calcular la edad de las estrellas, la estructura
y movimiento de las galaxias, y si el cosmos se expandirá
indefinidamente.
Algunos
métodos habían arrojado una edad tan joven como 10.000 millones de años, lo que fue muy discutido debido a que no concuerda con la edad estimada
de las estrellas más viejas, que se cree que han existido por más
tiempo que esa cifra, dice Mitton.
Una
técnica de medición es observar las estrellas brillantes, tales como
las que explotan o las super brillantes.
"Si
se conoce cuán brillantes son intrínsecamente, y cuán brillantes se
ven en el cielo, se puede deducir a qué distancia se encuentra la
galaxia", dice Mitton.
La
distancia, a su vez, da una pista sobre la velocidad a la que la
estrella se mueve a través del universo, abriendo camino para el cálculo
de la fecha del "Big Bang", la explosión que formó el
universo, expulsando partículas que más tarde formarían las
estrellas, los planetas y otros fenómenos espaciales.
El
equipo de Cambridge trabajó junto a científicos británicos, estadounidenses, e israelíes, especializados en diversas ramas de la
cosmología.
Sin
embargo, aclaran que aún queda trabajo por hacer, principalmente en lo
que se refiere a los conflictos entre los datos obtenidos mediante técnicas
basadas en el movimiento de la galaxia y los conglomerados galácticos.
El pasado del universo
Ver el pasado a millones de años luz
El desierto de Atacama, donde llovizna cada cinco años y nunca se nubla, es ideal para escudriñar los misterios del cielo
CERRO PARANAL, Chile.- ¿Qué miraría usted si tuviera a su disposición
el telescopio más grande del mundo? Probablemente la Luna o los planetas
de nuestro sistema solar.
Sin
embargo, para los astrónomos que trabajan en el Observatorio Europeo del
Sur (ESO), las respuestas a sus preguntas se encuentran a muchos millones
de años luz de distancia. En el universo lejano.
Veámoslo
de este modo: si abordáramos una nave imaginaria capaz de viajar a la
velocidad de la luz (unas 8 vueltas a la Tierra en un segundo), tardaríamos
apenas 1 segundo y fracción en llegar a la Luna. Un viaje a Marte llevaría
unos 6 minutos y alcanzar la órbita de Júpiter, tres cuartos de hora.
Puntos antiguos y lejanos
Si
entonces quisiéramos visitar la estrella Alfa Centauri, nuestra vecina más
cercana, el viaje -siempre a la tremenda velocidad de la luz- demandaría
una travesía sin escalas de 4 aburridísimos años. Por eso se dice que
Alfa Centauri se encuentra a 4 años luz de la Tierra.
Lo
mismo, pero en sentido inverso, ocurre con la luz que produce Alfa
Centauri: tarda 4 años en llegar hasta nuestro planeta y, por lo tanto, lo que vemos de ella es lo que le ocurrió hace 4 años. En otras
palabras, los astrónomos ven a través del tiempo.
Ahora
bien. Atravesar toda nuestra galaxia a la velocidad de la luz (y estamos
hablando apenas de una de los miles de millones de galaxias que contiene
el universo) requiere un viaje de 100.000 años. Nuestra galaxia, de punta
a punta, entonces, mide 100.000 años luz.
Lo
maravilloso es que con el telescopio de Cerro Paranal los científicos
pueden ver estrellas que se encuentran a 12 o 13 mil millones de años
luz. Son los objetos más antiguos y lejanos del universo, ya que se cree
que todo comenzó hace 15.000 millones de años con una gran explosión:
el Big-Bang.
Cuando el universo era joven
Cuando
en la óptica del telescopio hay una estrella que se encuentra a 13.000
millones de años de la Tierra, lo que vemos en realidad es un objeto de
cuando el universo era un joven de 2000 millones de años.
"Esto
es muy importante para nosotros -explica Gautier Mathys, un astrónomo
belga que desde agosto último vive en el observatorio-. Uno de nuestros
grandes temas es averiguar cómo es que partiendo de una explosión
llegamos a las primeras estrellas y galaxias. Y eso es algo que ocurrió más
o menos en esa época."
Claro
que ésa no es la única pregunta astronómica. La lista de temas sobre
los cuales el observatorio puede brindar información es larguísima.
Por
ejemplo, desde hace pocos años, los científicos comenzaron a detectar
planetas que se encuentran fuera del sistema solar; que giran en torno de
otros soles. Sucede que jamás los han visto. Sólo se sabe de su
presencia por perturbaciones en el movimiento de las estrellas.
Un telescopio potentísimo
Sin
embargo, cuando en el 2005 el complejo de Cerro Paranal funcione a pleno
quizá más de una sorpresa aguarde a los astrónomos.
Mathys
lo explica: "Con el método de la interferometría, por el cual los
cuatro telescopios grandes y los tres más pequeños que se construyen aquí
funcionarán como una única pieza muy potente, esperamos por primera vez
ver directamente esos planetas".
Mientras
tanto, el complejo está en construcción. De allí las estrictas medidas
de seguridad: dentro del predio nadie puede quitarse el cinturón de
seguridad si se desplaza en automóvil. También es obligatorio el uso de
casco y zapatos especiales.
Habitantes
y visitas duermen en contenedores especialmente acondicionados. Cada uno
está dividido en dos habitaciones y un baño. El lugar no cuenta con
provisión de agua propia y, por ello, el líquido es un bien preciado.
Periódicamente, enormes camiones cisterna la traen desde Antofagasta.
Ingenieros y astrónomos
Una
curiosidad: casi todos los habitantes del Cerro Paranal -unas 400
personas- son técnicos e ingenieros. Los astrónomos no llegan a una
docena. Y entre todos se respira un clima parecido al de un campamento.
Como
buenos europeos, quienes trabajan en Paranal cenan temprano: la comida se
sirve alrededor de las 19.
En
el momento de abandonar el comedor, la noche del desierto se vuelve fresca
y en lo alto un sendero de miles de estrellas apretadas completa el marco.
"Habitualmente decimos que se trata de la vía láctea -explica Jorge
Ianiszewski, del Departamento de Relaciones Públicas de la ESO-. Sin
embargo, es apenas uno de los tentáculos de nuestra galaxia: se trata del
brazo carina-sagitario. ¿Cuántas estrellas vemos a simple vista...? Quizás
unas 10.000, de las cuales sólo una centena tiene nombre. Al resto se las
denomina con números y letras. Por ejemplo, una estrella cualquiera puede
ser la RXJ185635-3754".
Aunque
las cuatro inmensas cúpulas plateadas están listas, sólo dos de los
cuatro telescopios principales están completos: el Antu (Sol, en
mapuche), y el Kueyen (Luna, en la misma lengua).
En
uno de los edificios, unos técnicos franceses están terminando de armar
el soporte del tercer telescopio, el Melipán (Cruz del Sur), que contendrá
el gigantesco espejo de 8,2 metros de diámetro y 23 toneladas.
"Los
900 millones de dólares, el dinero que se gasta en la construcción del
complejo, es toda una inversión -explica Mathys-. Es cierto que no se ven
ganancias económicas inmediatas. Sin embargo, para la industria
finalmente el beneficio es tremendo, ya que participar en todo esto
implica desarrollar nuevas tecnologías."
Un nuevo gigante
Para
dentro de algunos años, la ESO tiene previsto construir otro gigante. Un
telescopio cuyo espejo principal tendrá 100 metros de diámetro. No será
una pieza única, pero funcionará como tal. "Aún no está decidido
el sitio en donde se emplazará -se entusiasma Mathys-. Tiene que ser un
lugar con muy poco viento, ya que será un aparato muy sensible. Quizás
en Kazakhstán o aquí, en Chile."
La
predilección por el desierto de Atacama es comprensible. En este lugar
caen unas tenues lloviznas cada 4 o 5 años. Hay grandes extensiones
despobladas (alejadas de cualquier fuente de luz), y casi nunca se nubla.
Ideal para telescopios.

Galaxia NGC 1232, 100 millones de años luz, fotografiada por el
telescopio VLT 1 de Cerro Paranal, Chile
El comienzo del universo
Catherine Cesarsky: la astrofísica francoargentina que dirige
el observatorio más grande del mundo. En
busca del origen del universo. Al frente del complejo de Cerro
Paranal, en el desierto de Atacama, la científica rastrea las huellas del
comienzo del mundo
Y de repente allí, donde no había más que un desierto colorado y árido
hasta la desesperación, comenzaron a brotar unas estructuras metálicas
gigantes. Y el sitio, la cima de un cerro remoto en Atacama, Chile, se
pobló de astrónomos europeos de primer nivel que venían para espiar, desde allí, los orígenes del universo.
Nunca
llueve en el desierto. Nunca se nubla. Por eso lo eligieron para abrir la
ventana al misterio, para darle forma al más formidable de los complejos
astronómicos jamás construidos.
Cuando
esté listo, hacia 2005, será un observatorio tan poderoso que ni
siquiera sus responsables tienen la absoluta certeza de qué podrá verse
desde allí. Por el momento, en la cima del Cerro Paranal -de ese lugar se
trata- están listos y en funcionamiento dos de los supertelescopios más
potentes del mundo de un total de cuatro, y ya están regalando visiones
únicas de cuando el universo era muy joven (mirar hacia lo profundo del
universo es equivalente a mirar hacia el pasado. Esto, por el tiempo que
tardan las imágenes en recorrer las enormes distancias que existen entre
las lejanas estrellas y galaxias que se observan y la Tierra).
Todo
el complejo es obra del European Sothern Observatory (ESO). La institución, un consorcio intergubernamental integrado por ocho países europeos, tiene
sede en Munich, Alemania. Su directora es una astrofísica francesa, formada en la Argentina: la doctora Catherine Cesarsky, que mañana a las
18 dará una charla en LA NACION titulada Nuevos descubrimientos sobre el
origen del universo, uno de los temas que desvelan hoy a los astrónomos.
El otro tema del momento para quienes estudian el espacio es la búsqueda
de planetas fuera de nuestro Sistema Solar. Una búsqueda que se realiza
con métodos indirectos pues su luz es tan débil que, por ahora, es
imposible verlos.
-Ya ha transcurrido un año y medio desde que comenzó a funcionar el
primer telescopio en Cerro Paranal, ¿con qué descubrimientos y sorpresas
se han encontrado?
-Tenemos muchas novedades, pero son preliminares. Piense que los científicos
se toman un tiempo en hacer sus observaciones, analizar los datos, sacar
conclusiones y con ellas escribir los artículos. Entonces, un año y
medio no es mucho tiempo. Sin embargo, sí, ya tenemos resultados muy
interesantes.
-¿Podría adelantar alguno?
-Si. Por ejemplo, usted sabe que las estrellas se forman a partir de
nubes de gas y polvo. Nuestros telescopios tienen un instrumento llamado
Isaac que capta el infrarrojo y permite mirar el interior de estas nubes
con mucha más precisión que otros. Esto ayuda a contestarnos una
pregunta que nos hacemos los astrónomos sobre el proceso de formación de
estrellas: cuántas estrellas se forman de diferentes masas.
-O sea, cómo se reparte esa torta que es la nebulosa.
-Exacto, aunque sabemos que no toda la nebulosa se convierte en
estrellas. Pero lo interesante es que hay zonas de formación de estrellas
que son explosivas y otras más tranquilas. Siempre creíamos que en las
zonas explosivas sólo podían formarse estrellas grandes. Y que las pequeñas
se formaban en zonas tranquilas. Ahora, gracias a las observaciones, descubrimos que no, que en las zonas de formación explosiva también se
pueden formar estrellas pequeñas. Y esto nos ayuda a comprender todos
esos procesos.
-Ese sería un ejemplo del espacio cercano. ¿Tiene novedades sobre el
espacio profundo?
-Si, también hay muchas. Por ejemplo, un tema que siempre nos preocupa
es el de la edad del universo. Durante mucho tiempo hubo grandes
controversias, porque midiendo la expansión del universo daba una edad
determinada para la explosión inicial. Sin embargo, cuando se medía la
edad de las estrellas más viejas conocidas, estas parecían ser más
antiguas que el universo mismo. Algo que, obviamente, no puede ser.
-Pero, ¿qué es lo que estaba en duda? ¿La edad del universo o la de
las estrellas más antiguas?
-En realidad, ambas cosas. Este es el tipo de datos que a uno le gustaría
poder medir de diferentes maneras para estar más seguros. La controversia
continuó hasta que, en determinado momento, apareció lo que llamamos la
constante cosmológica, que nos permite resolver el problema y que las
cosas encajen mejor. Sin embargo, la edad de las estrellas se seguía
midiendo por métodos muy indirectos. Y la novedad es que ahora, con los
nuevos telescopios, se puede hacer en forma más directa.
-¿Cómo?
-Por ejemplo, utilizando elementos radioactivos, como lo hacemos para
medir la edad de la Tierra.
-Pero, ¿cómo se estudian los elementos radioactivos de una estrella muy lejana?
-Bueno, al descomponer la luz de la estrella en un espectro, los elementos dejan
ciertas marcas. Si están esas marcas podemos saber que los elementos están
allí. En este caso nos fijamos particularmente en el Uranio y el Torio
que son elementos muy poco abundantes en el universo y, peor aún, en las
estrellas muy viejas. Pero, en fin, algo tienen. Nosotros tenemos en
nuestro telescopio el espectrógrafo más sensible del mundo, llamado
UVES, y lo utilizamos para estos estudios.
-¿Y el UVES puede detectar Uranio y Torio en estrellas muy lejanas?
-Si, ya tenemos mediciones de algunas estrellas. Y así llegamos de una
manera completamente independiente a establecer la edad de estrellas muy
antiguas.
-¿Qué edad tienen?
-Los primeros resultados nos dan alrededor de 13.000 millones de años, aunque con más observaciones este número se va a afinar mucho más.
-¿Y el universo qué edad tiene?
-En este momento se considera que entre 13.000 y 14.000 millones de años.
Como ve, los números son compatibles.
-¿Hay algún límite cuando se mira hacia atrás en el universo?
-La cosa más vieja que se puede ver es la radiación de fondo, los ecos
de la gran explosión que se corresponden con un universo de sólo 300.000
años cuando aún no había estrellas ni galaxias. Pero eso no se mide con
nuestros telescopios, sino con otros instrumentos capaces de detectar
microondas.
-¿Y con los del Cerro Paranal?
-Bueno, nosotros queremos entender en qué momento comenzaron a formarse
las galaxias. Y, precisamente, con nuestros telescopios podemos ver
galaxias cada vez más lejanas y antiguas. Pero, además, nos interesa
estudiar cómo fue variando el universo a lo largo de su historia, porque
no siempre fue igual. Por ejemplo, hoy vemos que las galaxias tienen
formas definidas y se juntan en cúmulos.
-¿Cúmulos?
-Si, se juntan en grupos. Nuestra propia galaxia, la Vía Láctea, forma
parte de un cúmulo. Nos acompañan la galaxia de Andrómeda, las de
Magallanes y otras más. Cuando se forma el cúmulo, en el centro se
desarrolla una enorme galaxia de forma elíptica, con un gran agujero
negro en el centro, que emite ondas de radio. Esta gigante elíptica va
fagocitando alguna de sus vecinas y atrapando otras galaxias hacia el cúmulo.
La cuestión es que para ver estas grandes galaxias en formación
necesitamos telescopios como los que estamos construyendo.
-Otro de los temas importantes se relaciona con el descubrimiento de
planetas extrasolares. Hasta ahora no se ha visto ninguno, pero se
detectan por los movimientos de las estrellas que orbitan. Con el complejo
de Cerro Paranal completo, ¿podremos comenzar a verlos, por fin?
-No lo sabemos. Puede ser pero, en todo caso, esa sería la última etapa
del estudio. Lo que seguro sí podremos hacer es medir con muchísima más
precisión sus tamaños y trayectorias.
-¿Su intuición le dice que hay vida en otros mundos o que estamos
solos?
-No puedo imaginarme que sólo haya vida en la Tierra. Es más, apostaría
mi brazo a que la hay en otros mundos. Y creo que muy pronto la
descubriremos. El problema se da cuando pensamos en formas de vida
inteligente, porque no sabemos si hacen falta condiciones muy particulares
para que se desarrolle. Piense que, por ahora, en la Tierra, vida
inteligente y capaz de comunicar hubo por un tiempo muy corto en relación
con la historia del planeta. Y ni siquiera podemos predecir cuanto va a
durar. Lo que quiero decir es que quizás también haya vida inteligente, pero tal vez dure muy poco. Entonces de lo que dudo, en realidad, es de la
oportunidad de encontrarla.
Más de un sol
En
el universo, la gran mayoría de las estrellas no son gigantes solitarios, como nuestro Sol. Se calcula que más de un 70 por ciento forman lo que se
llaman sistemas múltiples. Es decir que en lugar de haber un único sol, los sistemas tienen dos o tres soles. Y esto es algo que puede comprobarse
fácilmente si se observan con un pequeño telescopio las estrellas más
cercanas.
El
problema es que, hasta el momento, las teorías sobre formación de
planetas decían que si los sistemas eran múltiples, no podían tener
planetas. Y que sólo las estrellas solitarias como nuestro Sol podían
tener mundos capaces de albergar vida, girando a su alrededor. Esto hacía
que los buscadores de planetas descartaran, de entrada, más del 70 por
ciento de las estrellas para sus investigaciones.
Pero
hay novedades. -Se suponía que no, pero entre los 47 planetas que se han
descubierto hasta ahora fuera del sistema solar, algunos se encuentran en
sistemas binarios; es decir, de dos soles-, explicó Catherine Cesarsky a
La Nación.
-En esos planetas deben verse bonitos amaneceres y puestas de sol.
-Si... realmente impresiona imaginarlo, ¿no?

Las nebulosas -nubes de gas y polvo- pueden
tener diferentes orígenes y composiciones. Algunas son verdaderas
"maternidades", donde nacen las estrellas. Otras, como la de
esta imagen, se formaron a partir de la expulsión de gases desde una
estrella central. En este caso, NGC 6853, la "nebulosa
Dumbbell", es una típica nebulosa planetaria (pese a su nombre, no
tiene nada que ver con los planetas).
Se encuentra en nuestra galaxia, la Vía Láctea, a
unos 1200 años luz de la Tierra y el gas que la rodea fue expulsado por
la estrella que está en el centro en una de las últimas etapas de su
vida

En esta imagen se muestra el universo cuando era mucho más joven. Cada punto no es una estrella, sino una galaxia
formada por miles de millones de estrellas. Las galaxias amarillentas son
de cuando el universo tenía sólo 6000 millones de años; es decir, menos
de la mitad de la edad actual (se calcula que unos 14.000 millones). Las
rojizas que se encuentran en la esquina derecha superior de la imagen son
mucho más antiguas. Quizás, de cuando el universo era un
"joven" de apenas 4000 millones de años.