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Artículos - Planeta Tierra
NOTA: esta sección fue discontinuada, contiene artículos antiguos, permanece sólo por si alguien busca este tipo de información. CALENTAMIENTO GLOBALHará más calor en el planetaLISBOA.- Las temperaturas aumentarán entre uno y cinco grados en los próximos decenios, y eso causará graves alteraciones climáticas y el aumento de enfermedades como la malaria y el dengue, anunciaron en esta ciudad los científicos encargados de redactar el tercer informe del Panel Intergubernamental de Alteraciones Climáticas. El argentino Osvaldo Canziani señaló que los glaciares están desapareciendo de las regiones altas de América del Sur, lo que ocasionará dificultades en el abastecimiento de agua y afectará la producción de cereales. El calentamiento mundial condena a la extinción a animales y plantasAgosto 30, 2000 VANCOUVER, Canadá -- El clima de la tierra está calentándose con tanta rapidez que muchas especies animales y vegetales no pueden sobrevivir bajo las nuevas condiciones y desaparecerán, advirtió el miércoles un informe sobre medio ambiente. La pérdida de especies podría llegar al 20 por ciento en algunos ecosistemas particularmente sensibles como el norte de Canadá, la planicie tibetana y el sudeste de Australia, según el informe emitido por el Fondo Mundial para la Vida Silvestre (WWF) y la Fundación David Suzuki, de Canadá. El informe advirtió que el 35 por ciento del habitat natural existente en la tierra podría resultar "fundamentalmente alterado" en los próximos 100 años, con niveles de destrucción de hasta el 60 por ciento en las regiones boreales y árticas de Canadá. Los animales y las plantas enfrentarán la misma opción que al final de la última Edad de Hielo --emigrar o morir-- pero muchos no podrán sobrevivir porque el índice de calentamiento es mucho más rápido, dice el informe. "Cada vez más, animales y plantas tendrán que emigrar permanentemente para encontrar un hábitat adecuado, y algunos no lograrán hacerlo con la rapidez suficiente", dijo Jay Malcolm, profesor adjunto de forestación en Toronto y uno de los autores del documento. Algunas plantas que necesiten climas más fríos tendrán que emigrar 100 veces más rápido que cuando finalizó la Edad de Hielo. "Muy pocas especies de plantas pueden moverse a velocidades mayores que un kilómetro por año, y sin embargo es lo que se necesitará en muchas partes del mundo", escribieron los autores del informe. Los científicos en general coinciden en que la Tierra ha venido calentándose lentamente en los últimos 100 años, pero no se ponen de acuerdo sobre las causas ni sobre si representa una tendencia de largo plazo. Los grupos ambientalistas que ayudaron a difundir el informe en conferencias de prensa en Toronto y Londres dijeron que representaba una prueba adicional de la necesidad de reducir la producción de gases de invernadero, a los que culpan de provocar el calentamiento del clima. "El ritmo del calentamiento podría ser muy superior que incluso hace 13.000 años, cuando los tigres con colmillos como sables y los lanudos mamuts todavía recorrían la Tierra. Sencillamente, no podemos seguir sentados y aceptando esta pérdida devastadora", hizo notar David Suzuki, investigador de la Universidad de Toronto y ambientalista. El informe reconoció que algunos animales y plantas más adaptables podrán extender su área de distribución con un clima más cálido, pero dijo que muchos eran especies "molestas", tales como las viñas kudzu y las madreselvas japonesas. Representantes de 180 países se reunirán el mes próximo en Lyons, Francia, para definir cómo aplicar el protocolo de Kyoto, un acuerdo internacional para reducir las emisiones de los llamados gases de invernadero, en general resultantes de la combustión de hidrocarburos. El tratado de 1997 también será el tema de conversaciones ministeriales internacionales en La Haya en noviembre. La temperatura terrestre sube más allá de lo previstoOctubre 27, 2000
NUEVA YORK -- La temperatura terrestre se incrementa a niveles que nadie ha pronosticado, y el ser humano sería responsable de casi la totalidad de ese aumento, según el borrador de un informe de un grupo internacional de climatología. El informe, del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático patrocinado por Naciones Unidas (IPCC) predice que la temperatura global media podría ser unos seis grados centígrados más alta a finales de siglo de lo que lo era en 1990. Eso supone un cambio mayor que el experimentado desde el final de la última era glacial y podría producir una climatología imprevisible, con tormentas, inundaciones y graves sequías. Los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, se producen por la utilización de combustibles fósiles, como la gasolina y el carbón, los incendios forestales y otras actividades. Este informe es la conclusión más dura hasta la fecha del IPCC, en el que colaboran 2.500 de los principales científicos del clima del mundo. Su último informe, realizado en 1995, dijo que había "una perceptible influencia humana" en el clima. El borrador endurece el lenguaje, y afirma que "hay ahora una prueba más fuerte de la influencia humana", y revisa al alza las estimaciones sobre cuánto se va a calentar la Tierra. "En 1995 dijimos que desde 1860 hubo un aumento de entre 0,3 y 0,6 grados centígrados de temperatura", afirmó una fuente relacionada con el informe, que pidió mantener el anonimato. "Ahora, está entre 0,4 y 0,8 grados. El cambio observado es bastante mayor". Este resultado es el mismo que el recogido en un amplio informe publicado en enero por el Consejo Nacional de Investigación de la Academia Nacional de Ciencia de Estados Unidos. "Esto es mayor porque los últimos años han sido muy calientes. Como el mismo informe dice, la última década fue sin duda la más caliente en los últimos mil años", dijo la fuente. Hierro y algas contra el dióxido de carbonoFue probado en el Pacífico Sur Científicos neozelandeses del Instituto Nacional de Investigaciones Atmosféricas realizaron un curioso experimento: diseminaron casi nueve toneladas de un compuesto con hierro sobre una superficie de 50 kilómetros cuadrados en el Pacífico Sur, que luego se extendieron a lo largo y ancho de un espacio mucho mayor, entre la zona antártica y Tasmania. Poco después comprobaron que la población de algas de la zona se había triplicado. Pero también hallaron que estas algas habían incorporado entre 600 y 3000 toneladas de dióxido de carbono, uno de los gases de invernadero, producto de la quema de combustibles fósiles (como por ejemplo el petróleo), que tanto impacto negativo producen sobre la atmósfera. El proceso, que fue previamente demostrado también en el Pacífico tropical, es llamado efecto Geritol por algunos investigadores. "Todavía hay preguntas científicas fundamentales que responder antes de proponer responsablemente la fertilización con hierro con una táctica de control climático", dijo el doctor Kenneth H. Coale, un oceanógrafo que estudió los efectos del hierro durante las experiencias realizadas en la zona más cálida del Pacífico. Concretamente, se desconocen las consecuencias a largo plazo del proceso ensayado.Los expertos discuten acerca de si el dióxido de carbono incorporado por las algas es almacenado en forma permanente en el lecho marino como material biológico muerto o si podría ser devuelto con relativa rapidez a la atmósfera. Tampoco se sabe si podría liberar el peligroso gas metano. Efecto invernadero desbocado en el trópico17/05/2002
Existe una región en el océano Pacífico tropical occidental que podría ayudar a los científicos a entender cómo perdió Venus toda su agua y acabó convirtiéndose en el infierno a cientos de grados de temperatura que es ahora. El estudio de este fenómeno local también debería ayudarnos a comprender qué condiciones podrían dar lugar a un proceso similar a éste en la Tierra. El fenómeno, una especie de efecto invernadero desbocado, ocurre cuando un planeta absorbe más energía del Sol que la que puede radiar de nuevo hacia el espacio. Bajo esta circunstancia, cuanto más alta es la temperatura de la superficie, más rápido se calienta ésta. Los científicos pueden detectar la "firma" de este efecto cuando la pérdida de calor planetario desciende, al mismo tiempo que la temperatura superficial se incrementa. En la Tierra, esto sólo ocurre en un lugar, en un punto del Pacífico occidental, al nordeste de Australia. En Venus, en cambio, el fenómeno afectó a todo el planeta hace entre 3.000 y 4.000 millones de años, llevándolo hasta su estado actual. Cuando la Tierra, Venus y Marte fueron creados hace unos 4.500 millones de años, probablemente todos tenían agua en su superficie. Maura Rabbette, Christopher McKay, Peter Pilewskie y Richard Young, del Ames Research Center, han estado investigado las condiciones atmosféricas sobre el océano Pacífico para averiguar por qué nuestro mundo conservó el agua mientras que Venus no lo consiguió. Para ello, han creado un modelo matemático que describe el efecto invernadero "desbocado" y que ha permitido determinar que el vapor de agua en la zona alta de la atmósfera es el que produce la "firma" local del fenómeno. Cuando las temperaturas de la superficie del océano se encuentran por encima de 27 grados C, la evaporación carga la atmósfera con una cantidad crítica de vapor de agua, uno de los gases invernadero más eficientes. El vapor permite que pase la radiación solar, pero absorbe una buena parte de la radiación infrarroja que procede de abajo. Si hay suficiente vapor de agua en la troposfera, éste atrapará la energía térmica procedente de la superficie y la temperatura del agua del mar crecerá aún más. El efecto debería resultar en una reacción en cadena, donde la temperatura superficial aumenta, provocando la liberación de más vapor de agua, que a su vez atrapa más energía térmica. Sin embargo, las temperaturas de los mares terrestres nunca superan los 30,5 grados C, de manera que el fenómeno no se desboca. ¿Por qué ocurre esto? Es posible que el océano y la propia atmósfera transporten la energía atrapada, alejándola del punto "caliente", aunque no existe un consenso claro al respecto. En todo caso, el modelo ayudará a los científicos a descubrir por qué Venus experimentó un efecto invernadero completo, perdiendo toda su agua a lo largo de un período de varios cientos de millones de años. El declive de los glaciares31/05/2002
Un reciente estudio de los glaciares del mundo sugiere que éstos están retrocediendo a un ritmo igual o superior al normal. Científicos del United States Geological Survey y de la NASA han realizado una vigilancia exhaustiva de la situación y un análisis de las posibles consecuencias climáticas, políticas y económicas. El cambio climático es el responsable de este retroceso. Aunque hay algunos pocos glaciares que avanzan, la tendencia general es clara. Las imágenes de los glaciares utilizadas para este trabajo de investigación se han obtenido desde el espacio. Una vez catalogadas, han sido comparadas con mapas topográficos y con información registrada durante todo el siglo XX e incluso más atrás en el tiempo. Las fotografías se obtienen durante la parte final de la estación del deshielo, que es cuando el hielo permanente se ve expuesto. El proyecto, llamado Global Land Ice Measurements from Space (GLIMS), incluye a más de 100 colaboradores en 23 países. Particularmente alarmante es el ritmo de retroceso de los glaciares del Himalaya, que se ha acelerado en los últimos años. Las imágenes muestran un número cada vez mayor de lagos sobre la superficie donde se encuentran, lo que es una buena indicación de lo que está ocurriendo. Mientras el hielo refleja los rayos solares, el agua de los lagos absorbe y transmite el calor de forma más eficiente hacia el hielo situado debajo, lo que realimenta el proceso de deshielo. En un reciente informe del Intergovernmental Panel on Climate Change, los científicos estiman que las temperaturas podrían incrementarse entre 1,4 y 5,8 grados C al final de este siglo. Los investigadores han encontrado una buena correlación entre esta hipótesis, el incremento real de temperaturas y el retroceso de los glaciares. Los cambios en los glaciares durante los próximos 100 años podrían afectar de forma significativa a la agricultura, la disponibilidad de agua, la producción eléctrica, el transporte, la minería, las líneas costeras y los hábitats ecológicos. Por ejemplo, el glaciar de Gangotri, entre Kashmir y Nepal, está retrocediendo a un ritmo acelerado. Este y otros glaciares alimentan la cuenca del río Ganges, de cuya agua potable se benefician cientos de millones de personas, incluyendo las que viven en Calcuta y otras ciudades importantes. Su retroceso reducirá la cantidad de agua disponible. Los datos que sirven para realizar el seguimiento de la situación de los glaciares desde el espacio proceden del instrumento ASTER, un radiómetro instalado a bordo del satélite Terra. Las erupciones volcánicas afectan al "invernadero verde"21/06/2002
Existen evidencias de que el hemisferio norte, debido al calentamiento de la atmósfera, está experimentando un crecimiento vegetal superior. Sin embargo, este crecimiento puede verse frenado debido a la acción de las partículas contaminantes procedentes de grandes erupciones volcánicas. Las observaciones mediante satélites confirman que la vida vegetal ha crecido de forma vigorosa desde 1981 por encima de los 40 grados de latitud norte, una línea que pasaría por Nueva York, Madrid y Beijing. La estación de crecimiento se ha visto ampliada en unos cuantos días, sobre todo en Eurasia. Todo parece indicar que ello se debe al aumento de las temperaturas, gracias al aumento de la presencia en la atmósfera de gases invernadero. Estos gases, en especial el CO2, propician un mayor crecimiento de las plantas. No obstante, si miramos los datos pertenecientes a 1992 y 1993, el período de calentamiento continuado de los últimos 20 años aparece aquí interrumpido debido a la presencia de partículas diminutas de polvo (aerosoles) en la atmósfera, lanzadas durante la erupción del Pinatubo. Estas partículas provocaron que una parte de la radiación solar fuera reflejada de nuevo hacia el espacio, enfriando la superficie terrestre. Con este enfriamiento, y con una menor cantidad de luz solar disponible, las plantas produjeron menos follaje. Necesitan luz, CO2 y agua para generar los azúcares que harán crecer nuevas hojas y otras estructuras. Utilizando un modelo de ordenador, los científicos han comprobado que la cantidad de CO2 liberado por la vida microbiana que vive en el suelo también descendió. Tanto fue así que durante los dos años posteriores a la erupción del Pinatubo, la masa continental del hemisferio norte absorbió más dióxido de carbono que el que habitualmente libera. Los investigadores ahora saben que si las plantas crecen es porque existe un exceso de CO2 (cuya presencia ocasiona el aumento de las temperaturas por el efecto invernadero), pero que un aumento de la población de aerosoles puede detener e invertir este proceso. Un parámetro más que habrá que tener en cuenta en las predicciones del futuro clima de la Tierra. Hora de actuar28/06/2002 Michael Oppenheimer, de la Princeton University, cree que aún hay tiempo para evitar algunos de los efectos más perjudiciales del calentamiento global. Pero para ello debemos actuar de inmediato. Uno de los objetivos prioritarios debería ser la reducción de las emisiones de gases invernadero antes de 2010. Esta meta está en consonancia con los acuerdos de Kyoto. Los investigadores se han centrado en tres posibles consecuencias del calentamiento global, delimitando las posibilidades de que éstas nos afecten negativamente: la destrucción de los arrecifes de coral, el aumento potencial del nivel del mar debido al deshielo antártico, y el cese de las corrientes oceánicas a gran escala. La primera conclusión es que si se toman medidas agresivas para disminuir las emisiones de gases invernadero antes de 2010, es posible que se logre conservar las corrientes oceánicas. Sin embargo, los arrecifes de coral podrían estar ya definitivamente condenados. Por su parte, evitar el deshielo antártico es plausible, pero en ningún caso seguro. La administración Bush, que cree que la reducción de emisiones perjudicará gravemente a su economía porque limitará su expansión industrial, no desea adherirse a las conclusiones del tratado de Kyoto. En lugar de eso, propone aceptar las "inevitables" consecuencias del calentamiento global y trabajar para adaptarnos a ellas. Oppenheimer cree, no obstante, que algunos de los efectos serán tan perjudiciales que la reducción de las emisiones es la única vía posible. La cuestión principal es que los gobernantes quieren estar muy seguros de que cualquier medida correctora tendrá los resultados esperados. Las limitaciones que se barajan podrían tener consecuencias económicas que nadie desea, de modo que sólo son justificables para conseguir un bien superior. Oppenheimer y sus colegas han hecho estudios profundos sobre qué ocurrirá si se actúa y se consigue estabilizar la concentración de CO2 en la atmósfera en una cifra de unas 450 partes por millón, lo que implicaría un incremento en la temperatura global para este siglo de 1,2 a 2,3 grados Celsius. Recordemos que la concentración actual es de 370 partes por millón, y que durante la revolución industrial fue de 280 partes por millón. Bajo estos parámetros, los corales sufrirán daños severos si la temperatura media global aumenta en más de 1 grado Celsius. El deshielo antártico, en cambio, requerirá al menos un incremento de 2 grados. En caso de que se produzca una desintegración total de la placa antártica occidental, algo que llevaría varios cientos de años, el nivel del mar subiría entre 4 y 7 metros, suficiente para sumergir a la mayor parte de las costas del mundo, incluyendo grandes centros urbanos como Manhattan. Por último, para detener las actuales corrientes oceánicas que transfieren energía de un punto a otro del mundo, será necesario un aumento de hasta 3 grados. Otra conclusión es que si el control de las emisiones se retrasa hasta 2020, las acciones necesarias para mantener la concentración de CO2 en 450 partes por millón serán mucho más difíciles, por no decir imposibles. Polución natural, polución humana27/09/2002
Gracias a mediciones muy precisas captadas desde el espacio y al uso de nuevos modelos por ordenador ultra-sofisticados, los científicos han empezado a producir, de forma rutinaria, mapas globales de la presencia de partículas aerosoles en la atmósfera, los cuales permiten distinguir entre la polución humana y la que tiene origen natural. Los investigadores saben que los aerosoles, partículas diminutas sólidas o líquidas que flotan en el aire y que pueden ser transportadas a grandes distancias, pueden tener efectos muy concretos en el clima y la meteorología. Por eso, si queremos saber hasta qué punto la actividad humana está provocando un cambio climático, debemos primero aprender a distinguir entre los aerosoles producidos por nosotros (contaminación) y los que aparecen por procesos naturales (vulcanismo, incendios...). Ya existen los medios técnicos para hacer esta distinción, y la mejor prueba de ello son los mapas que se generan constantemente, a partir de la información enviada por satélites. Los responsables de este avance son Yoram Kaufman, del Goddard Space Flight Center, y Didier Tanrè y Olivier Boucher, del CNRS (Centre National de la Recherche Scientifique). El primer paso implica distinguir las grandes concentraciones de partículas pequeñas (menos de 1 micrómetro) de las que contienen partículas más grandes. Las primeras pertenecen a la categoría de las columnas de humo que proceden de la quema de biomasa o de las áreas urbanas, por ejemplo. Estas partículas pueden tener efectos en el calentamiento o enfriamiento del clima, y afectar a la intensidad de las precipitaciones. Por eso son las que más preocupan. Para distinguir unas de otras es precisa una buena comprensión de cómo los aerosoles reflejan la luz solar en determinadas longitudes de onda del espectro. Esto es posible gracias al instrumento MODIS (Moderate Resolution Imaging Spectroradiometer), instalado a bordo de los satélites Terra y Aqua de la NASA, el cual mide de forma precisa la luz solar reflejada por los aerosoles hacia el espacio, diariamente, sobre casi todo el planeta, en las longitudes de onda correspondientes al intervalo que va de los 0,41 a los 2,2 micrómetros. Más en concreto, el humo compuesto por partículas pequeñas (menos de 1 micrómetro) refleja luz en las longitudes de onda cortas (azul) de una forma más intensa que las partículas más grandes (las cuales dispersan y reflejan luz de igual forma para longitudes cortas y largas, es decir, azul, verde, rojo e infrarrojo cercano). Gracias a esta información, es posible distinguir los aerosoles producidos por el Hombre. Sin embargo, y como indican los mapas, hay excepciones a la regla: la naturaleza también puede producir partículas pequeñas, y el Hombre partículas grandes. Para realizar una distinción efectiva se hace necesario obtener información adicional, como el uso del suelo, incendios, densidad de población, actividad económica, etc. Todos estos datos sirven para alimentar un modelo matemático. Las observaciones de los satélites Terra y Aqua representan una sustancial mejora en este campo, respecto a las mediciones obtenidas durante los últimos 20 años por otros vehículos. |
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