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Artículos - Planeta Tierra
NOTA: esta sección fue discontinuada, contiene artículos antiguos, permanece sólo por si alguien busca este tipo de información. La temperatura de los mares15/03/2002
Un nuevo sensor girando alrededor de nuestro planeta a bordo del satélite Terra nos ha proporcionado la imagen más precisa hasta la fecha de la temperatura del agua de los océanos. El vehículo, como un sofisticado termómetro en el espacio, realiza mediciones diarias que ayudarán a los científicos a comprender mejor cómo los mares y la atmósfera interactúan entre sí, definiendo la meteorología y el clima. El instrumento utilizado para medir la temperatura del agua se llama MODIS (Moderate-resolution Imaging Spectroradiometer). Sus lecturas se han comparado con las obtenidas por otros aparatos, tanto en barcos como en boyas automáticas,y se ha determinado que su precisión es de unos 0,25 grados Celsius, dos veces mejor que la de anteriores satélites que han ayudado a los meteorólogos durante décadas. Este nivel de precisión es importante porque los científicos quieren desarrollar modelos del clima terrestre lo más reales posible. Sólo así se podrá saber con certeza si fenómenos como El Niño o La Niña delatan cambios climáticos o son sólo acontecimientos cíclicos. Los mecanismos naturales que causan los cambios de temperatura tienen a menudo firmas muy sutiles, a lo largo del tiempo y del espacio, de manera que disponer de lecturas lo más precisas posible es indispensable para que los investigadores puedan decidir qué mecanismos están causando las variaciones. Precisamente, el MODIS será muy útil para predecir la futura aparición o receso de El Niño y La Niña. Por ejemplo, El Niño implica un aumento anormal de la temperatura de las aguas en la región ecuatorial del océano Pacífico de entre 2 ó 3 grados, mientras que para la Niña detectamos 1 a 2 grados menos de lo habitual. Para poder detectar estos fenómenos como tales, los sensores de temperatura deben tener una sensibilidad de al menos un 10 por ciento de estas cifras, lo que el MODIS logra sin dificultades. Una de las razones de su capacidad es que el radiómetro MODIS puede ver mejor a través de la atmósfera que sus predecesores. Se han elegido bandas espectrales especialmente adaptadas para observar y realizar mediciones a través de una atmósfera húmeda tropical. Como todos los radiómetros espaciales, el MODIS mide la energía térmica infrarroja (calor básicamente) radiada desde la superficie marina. Esta señal resulta modificada por su paso a través de la atmósfera, lo cual depende de la química de esta última. Las nubes, la niebla, el polvo o el humo pueden interferir, como también los gases invernadero como el agua, abundantes en los trópicos. Para corregir la información que recibe, el MODIS es sensible a cinco longitudes de onda distintas, o "canales". Día y noche, el sensor mide la energía infrarroja térmica que escapa de la atmósfera en los 12 micrones, y después la compara con la cantidad de energía que escapa en los 11 micrones, lo que permite saber cómo modifica la señal la atmósfera y aplicar así las correcciones pertinentes. Para eliminar la perturbación del vapor de agua, en cambio, el MODIS utiliza tres canales adicionales, entre los 3,5 y los 4 micrones, los cuales no estaban presentes en ningún satélite anterior. Proyecto Argo15/03/2002 En el plazo de cuatro años, serán desplegadas en todos los oceános del mundo 3.000 boyas flotantes capaces de registrar diversos parámetros fundamentales de las condiciones del agua y transmitirlos a un centro de control. La información será utilizada como sistema de alerta climática y como datos que emplearán los especialistas para mejorar nuestros modelos meteorológicos. Ha transcurrido más de una década de desarrollo de prototipos y ensayos. Después de todo este tiempo, los científicos están listos para iniciar un despliegue masivo, que garantizará una cobertura oceánica global. El hemisferio sur es una de las regiones más importantes en el programa. Por eso, Australia es uno de los países con mayor participación. En 1999, los expertos del CSIRO desplegaron 10 boyas Argo para controlar el océano Indico entre Australia e Indonesia. La experiencia ha sido muy positiva y permite augurar un gran éxito para el programa. Argo, en combinación con otros sistemas de observación de los océanos,incluyendo los satélites, proporcionará información sobre el comportamiento de los mares apenas unas horas después de tomadas las mediciones. Los datos serán distribuidos entonces a la comunidad internacional, cuya colaboración se ha hecho indispensable, tanto científica como financieramente. El programa ha crecido lentamente desde su fase de ensayos. Se pasó de 65 boyas en 1999 a 225 en 2000 y 480 en 2001. Los 13 países participantes y la Comisión Europea financiarán 600 boyas para este año, de tal manera que a finales de 2002 estén asegurados los fondos para más de un tercio de la red total. En estos precisos momentos, son 337 las boyas operativas en los océanos del mundo que proporcionan datos en tiempo real acerca de la temperatura del agua,la salinidad y las corrientes. La mayoría se encuentran en el hemisferio norte,pero más adelante las que se hallen en el hemisferio sur representarán dos tercios del total. Estos aparatos autónomos tienen un aspecto cilíndrico y miden 1,5 metros de largo. Flotan arrastrados por las corrientes y pueden hundirse a unos 2.000 metros de profundidad, permaneciendo a la deriva durante 10 días. A medida que ascienden hacia la superficie, recogen información que después envían vía satélite. Estos datos están disponibles de forma abierta y sin periodos de exclusividad para nadie, un importante cambio respecto a las costumbres de la oceanografía tradicional. Los científicos esperan que nos ayuden a predecir mejor fenómenos como El Niño (y con ello cambios en las precipitaciones u otras condiciones climáticas), a medir el nivel del agua, el cambio climático, etc. Pero también se esperan aplicaciones en el área de la seguridad y el rescate marinos, defensa,industria pesquera, etc. Un Mediterráneo cada vez mas salado01/11/2002
Hace 150.000 años, se inició una edad del hielo anómala debido a que el mar Mediterráneo se volvió más salado. Esto vuelve a ocurrir hoy en día, y los científicos estudian si podría iniciarse un nuevo crecimiento de placas de hielo durante las próximas décadas. Robert Johnson, geólogo y geofísico de la University of Minnesota, ha estudiado la glaciación ocurrida hace 150.000 años y ha comparado aquella situación con la que tenemos en la actualidad. Johnson no puede predecir exactamente cómo afectarán el calentamiento global y otros factores climáticos, pero la evidencia de que el Mediterráneo está cada vez más salado es un aviso definitivo de que los patrones de circulación del Atlántico cambiarán, propiciando el crecimiento de hielo. Paradójicamente, el calentamiento global puede promover el crecimiento de placas de hielo porque este crecimiento depende menos de las temperaturas frías que de un suministro intenso de humedad y una caída notable de nieve sobre las masas de tierra del norte. La edad del hielo de hace 150.000 años fue anómala porque ocurrió durante una época en la que se alcanzaron temperaturas máximas en latitudes tropicales y templadas, algo que la teoría más aceptada de las glaciaciones (Milankovitch) no puede explicar. Según esta teoría, cuando el hemisferio norte recibe mucha energía solar extra durante el verano, el hielo glacial debería reducirse. Pero hace entre 160.000 y 150.000 años, la energía solar alcanzó su máximo en todas las latitudes por debajo de los 65 grados, mientras los glaciares crecían y se combinaban en el norte de Eurasia, desde Irlanda hasta el este de Siberia. Johnson piensa que el secreto de lo ocurrido está en la salinidad aumentada del Mediterráneo, algo que está ocurriendo otra vez y que podría desencadenar una nueva edad del hielo sobre Canadá. Para entender cómo ocurre esto, debemos pensar en el estrecho de Gibraltar, donde el agua profunda muy salada del Mediterráneo fluye hacia el Atlántico y hacia el norte, mezclándose con el agua superficial de la corriente del golfo (Gulf Stream). De la densidad de esta mezcla final depende que el agua se hunda o no, afectando a las corrientes y a las temperaturas de determinadas zonas. En la actualidad, esta mezcla inhibe cada vez más la formación de hielo marino en el océano ártico, reduciendo su presencia. De hecho, el hielo superficial aquí ha adelgazado en un 40 por ciento durante los últimos 30 años y podría desaparecer en unas pocas décadas más. Al fundirse el hielo, se alimenta con agua dulce el océano ártico, pero ésta acabará por perderse completamente, lo que provocará un aumento súbito de la salinidad. En Canadá se experimentarán entonces bajas temperaturas en invierno y grandes nevadas, un proceso que inició la última edad glacial y que ahora podría llevar hielo incluso hasta las relativamente cálidas aguas próximas a la Península del Labrador. Las razones de la mayor salinidad del Mediterráneo son el clima árido en el Sahara. Además, cada vez llega menos agua dulce al mar a través de la desembocadura del Nilo, ya que es aprovechada para regar. La salinidad marina crece por tanto, apoyada por una mayor evaporación debido al calentamiento global. |
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