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NOTA: esta sección fue discontinuada, contiene artículos antiguos, permanece sólo por si alguien busca este tipo de información. ContenidoArtículo: Descubren una nueva luna de Júpiter. Nueva evidencia de agua salada en el satélite Europa. Júpiter aumenta su prole. El grosor de la capa de hielo de Europa. JUPITERDescubren una nueva luna de JúpiterJulio 22, 2000
WASHINGTON -- Un grupo de astrónomos ha descubierto la que podría ser la decimoséptima luna de Júpiter, el primer satélite previamente desconocido que se le encuentra al gran planeta en más de un cuarto de siglo. Conocida por ahora como S/1999 J1, la luna joviana mide 4,8 kilómetros de ancho, lo que la convierte en la más pequeña jamás descubierta en cualquiera de los grandes planetas de nuestro sistema solar. Entre las lunas de Júpiter, ésta forma parte de un grupo que presenta órbitas muy excéntricas -- viajan alrededor del planeta en dirección opuesta a las otras --, a una distancia promedio de 24,14 millones de kilómetros del planeta, indicaron los astrónomos. Este es el primer satélite del planeta más grande del sistema solar que se descubre desde 1974, según científicos de la Universidad de Arizona y del Observatorio Astrofísico Smithsonian de Massachusetts. Los equipos de científicos, que anunciaron sus descubrimientos el viernes, todavía no han asignado un número permanente a la luna, ni siquiera un nombre, algo que sucederá cuando se confirme de forma más confiable su órbita alrededor de Júpiter. Los astrónomos avistaron por primera vez la nueva luna como parte del programa Spacewatch, mientras escudriñaban el cielo en busca de cometas y asteroides el año pasado. Un objeto que vieron fue tratado como si fuera un asteroide, y designado como 1999 UX18. Pero este objeto se movía más como un cometa que como un asteroide, aunque realmente no parecía un cometa, dijeron los astrónomos. Científicos de Arizona y del Centro de Planetas Menores del Smithsonian no se dieron cuenta de que el objeto era una nueva luna joviana hasta este mes, cuando unos cálculos orbitales mostraron que no era un asteroide que giraba alrededor del sol sino una luna desconocida que daba vueltas en torno a Júpiter. Júpiter y sus lunas estarán demasiado cerca del sol para que las detecte el Spacewatch durante otros pocos meses, aunque telescopios más largos podrían recuperarlo antes, dijeron los astrónomos. Antes de esta, la luna más pequeña conocida de Júpiter era Leda, descubierta en 1974, cuyo diámetro mide entre ocho y 16 kilómetros. Nueva evidencia de agua salada en el satélite EuropaAgosto 26, 2000
(CNN) -- Una nave en órbita alrededor de Júpiter ha suministrado la evidencia más contundente hasta el momento de que existe un océano líquido bajo la superficie congelada del satélite Europa. Según un nuevo informe, el descubrimiento aumenta las posibilidades de que allí pueda haber vida. Mediante observaciones de la sonda Galileo de la NASA, los científicos han determinado que las inusuales mediciones de campos magnéticos presentes en uno de los satélites más grandes de Júpiter estarían provocados por un cuerpo de agua salada. El océano, de una profundidad mínima estimada en 7 kilómetros, estaría bajo una capa de hielo con grosor entre 800 metros y 10 kilómetros, dice Margaret Kivelson de la Universidad de California, autora principal del informe publicado el viernes en la revista Science. Luego de que Galileo detectara un polo magnético en el satélite, la NASA envió nuevamente la sonda en enero para verificar la información. El magnetómetro de la nave reveló que el polo cambiaba su dirección cada 5 horas y media. Este dato es coherente con las fluctuaciones que se producirían si Europa tuviera un escudo formado por un material conductor, tal como un océano salado. "La evidencia de que el campo (magnético) de Europa sufre variaciones temporales refuerza el argumento de que existe un océano líquido bajo su actual superficie", escribieron Kivelson y sus colegas en la revista Science. Este extraño comportamiento magnético está relacionado con las deformaciones gravitacionales producidas por Júpiter y sus satélites vecinos que expanden y contraen a Europa a intervalos regulares. Anteriores observaciones habían indicado que Europa, un satélite relativamente poco accidentado, estaba cubierto por agua semicongelada. El tamaño de Europa es aproximadamente el doble que el de la Luna. Los científicos habían conjeturado que la helada superficie escondía agua en estado líquido en su interior, pero este nuevo estudio ofrece evidencia contundente de que es así. "La explicación más plausible es que Europa tenga un océano de agua salada en el interior de su cáscara de hielo", dice David Stevenson, investigador del California Institute of Technology, en el editorial de la revista Science. Dado que la vida microbiótica surge en el agua hasta en las condiciones más extremas de nuestro planeta, los biólogos en busca de vida en otros planetas han expresado su particular interés por Europa. "Después de Marte, (Europa es) el ambiente extraterrestre más atractivo de nuestro sistema solar para buscar evidencia de vida pasada o presente", escribió Stevenson. Júpiter aumenta su prole24/05/2002
Astrónomos de la University of Hawaii han anunciado el descubrimiento de 11 nuevos satélites de Júpiter. Añadidos a otros 11 encontrados por el mismo equipo el año pasado, colocan en 39 el número de lunas que giran alrededor del mayor planeta del Sistema Solar. El gigante bate así todos los récords existentes en nuestro sistema planetario. Los nuevos satélites fueron hallados a mediados de diciembre de 2001 por un grupo liderado por Scott S. Sheppard y David Jewitt, y en el que también trabajaron expertos británicos. Para la búsqueda utilizaron el telescopio Canada-France-Hawaii de 3,6 metros, que posee una de las cámaras digitales más grandes del mundo (12K). Con ella obtuvieron imágenes muy sensibles de los alrededores de Júpiter, que después fueron procesadas mediante ordenadores de alta velocidad. Los satélites candidatos encontrados en dichas imágenes fueron seguidos durante los siguientes meses mediante el telescopio de 2,2 metros de la University of Hawaii, con el objetivo de confirmar sus órbitas y eliminar falsas alarmas (como asteroides o satélites ya conocidos). Las órbitas fueron definidas por Robert Jacobson, del Jet Propulsion Laboratory, y Brian Marsden, del Minor Planet Center. Una vez confirmados como nuevos satélites, fueron divulgados en la Circular número 7.900 (16 de mayo de 2002) de la International Astronomical Union. Las 11 lunas recientemente descubiertas pertenecen a la clase de "satélites irregulares", dado que sus órbitas tienen grandes excentricidades e inclinaciones. Son todos retrógrados y tienen diámetros que van de los 2 a los 4 km (suponiendo un albedo del 4 por ciento). Desconocemos, sin embargo, las propiedades de sus superficies, composiciones o densidades, aunque se supone que son objetos rocosos como los asteroides. De los 39 satélites conocidos que tiene Júpiter, 31 son irregulares. Ello sugiere que fueron capturados por el planeta en un distante pasado. Algunos astrónomos piensan que esto ocurrió cuando aún era joven, en pleno proceso de condensación. Su atmósfera, menos densa que la actual, y de mayor alcance, pudo frenar a muchos asteroides, que se precipitaron en su interior, incinerándose, o los frenó lo suficiente para que cayeran bajo la influencia gravitatoria de Júpiter. El grosor de la capa de hielo de Europa31/05/2002
El estudio de varios cráteres de impacto visibles sobre la superficie de la luna joviana Europa ha permitido a los astrónomos planetarios deducir que la capa de hielo que la recubre tiene al menos 19 kilómetros de espesor. Las imágenes fueron enviadas por la sonda Galileo. Los análisis han sido realizados por Paul Schenk, del Lunar and Planetary Institute, quien ha comparado el aspecto topográfico y estereográfico de diversos cráteres pertenecientes a los numerosos satélites naturales de Júpiter. La sonda Galileo nos ha aportado suficientes datos como para sospechar que bajo la capa helada que cubre Europa existe un océano de agua líquida. El debate se centra ahora en el grosor de dicha capa y cómo afectaría éste a la hipotética vida que podría encontrarse en el océano. Si la capa fuera delgada, existiría la posibilidad de que la luz solar penetrara, facilitando el acceso a este recurso a supuestos organismos fotosintéticos. Pero si la capa es mucho más gruesa, la luz no podría penetrar y la vida debería buscar otras fuentes de energía. Intentando aclarar esta cuestión, Schenk ha comparado más de 200 cráteres catalogados en Europa y otras lunas hermanas. Ganímedes y Calisto, por ejemplo, podrían también poseer un océano líquido en su interior, pero su corteza helada es muy profunda (entre 100 y 200 km), de manera que sus cráteres no se ven afectados por la presencia de un océano caliente. En cambio, el científico ha visto que las formas de los cráteres más grandes de Europa son bastante distintas a las que poseen los cráteres de tamaño parecido en Ganímedes y Calisto. Ello es debido a la acción del océano interno de Europa, que funde el hielo. Cuanto mayores son los cráteres, los relieves topográficos en Europa son más suaves. Esto implica un cambio fundamental en las propiedades de la corteza helada del satélite a medida que se gana en profundidad. Un cambio que muy bien podría implicar el paulatino paso de sólido a líquido. El estudio de los impactos más violentos y profundos servirá pues para obtener información y pistas sobre el grosor de la capa de hielo de Europa. Basándose en esto, Schenk cree que dicho grosor podría hallarse entre los 19 y los 25 kilómetros, con un 10 a un 20 por ciento de error. Se trata de una cifra importante, que dificulta la existencia de vida en el océano, aunque no implica que ésta no se encuentre presente. Si los organismos son capaces de vivir sin luz, el grosor de la capa de hielo sólo tendrá una importancia secundaria. De hecho, hay muchos organismos en el fondo de los océanos terrestres que viven en completa oscuridad, dependiendo sólo de energía química. Es posible que la cáscara de hielo de Europa fuera mucho más delgada en el pasado (incluso inexistente), y que la vida se originara en estas condiciones más apropiadas. Después, los organismos se habrían adaptado, evolucionando, a su nuevo hábitat. El descubrimiento, sin embargo, complica la exploración del océano de Europa. Un robot no podría abrirse paso a través de una capa tan gruesa para investigar en busca de signos de vida. Probablemente habrá que buscar otros métodos de exploración más adecuados. BUSCADOR
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